miércoles, 30 de diciembre de 2015

Fotorresumen de España en 2015

En el contexto europeo en el que nos desenvolvemos, convulsionado por una crisis de refugiados sin precedentes que deja un rastro de víctimas inocentes que pagan con sus vidas poder alcanzar nuestras costas, y sacudido por la violencia terrorista de un fanatismo islamista que lo mismo ametralla redacciones de revistas que cafeterías y discotecas, España ha consumido el año que acaba empachada de elecciones que han certificado la llegada a la política de nuevos partidos emergentes. El bipartidismo surgido en la Transición evoluciona para dar paso a una política plural en sintonía con una España también plural. La libertad, especialmente en democracia, siempre encuentra cauces para romper las cadenas que intentan atenazarla, como esa ley mordaza que, so pretexto de una supuesta Seguridad Ciudadana, el Gobierno implantó para acallar las protestas y las movilizaciones pacíficas de unos ciudadanos hartos de desahucios, reformas laborales que abaratan despidos, una precariedad que causa más paro y salarios indignos, políticas de austeridad que hacen caer el peso de la crisis sobre las víctimas, no sobre los verdaderos culpables (los especuladores), recortes que empobrecen a los que poco o nada tienen, no a los pudientes, limitación de derechos en nombre del mercado y los negocios para que el capital no tenga barreras en su codicia ni freno su avaricia, y un simulacro de recuperación que genera más desigualdades y agranda la brecha entre ricos y pobres. Una brecha, también territorial, que motiva la separación de los que se creen distintos y con mejores recursos que el resto y, por ello, tensan la cuerda de la legalidad para quebrantarla y crear un clímax favorable a sus alucinaciones de independencia, cuando en realidad son tan semejantes en todo que, hasta el “patriarca” del mito nacionalista y su numerosa familia manosean una bandera y los sentimientos que despierta para camuflar los chanchullos de una corrupción que carcome la política, las instituciones y a las honorables personas que se dejan corromper, sin detenerse en ilusas fronteras ni respetar distingos identitarios. En medio de tanta convulsión, la indignación cívica se moviliza contra el terrorismo, contra el empobrecimiento, contra las mordazas y contra tantos abusos, y revoca su confianza en quienes la han traicionado y menospreciado en este año a punto de finalizar. 2015 ha sido un año de transición hacia una nueva etapa que está por escribir... y descubrir. ¡Ojalá que para bien!

   

lunes, 28 de diciembre de 2015

La lista del millón


Por primera vez en la historia tributaria de este país, Hacienda hace pública la lista de contribuyentes que no están al día en el pago de sus impuestos y son deudores con el Estado. Todos ellos deben más de un millón de euros, cantidad mínima para figurar como “moroso” en esa relación de personas físicas y jurídicas que, por una razón u otra, no aportan a las arcas públicas lo que debieran en relación con sus ingresos y patrimonio. Adeudar más de un millón de euros no está al alcance de cualquiera, sólo de los pudientes a los que esa cantidad representa un porcentaje de sus beneficios o una parte de lo que discretamente manejan o administran.

En la lista de Hacienda hay para escoger, desde empresas de todo tipo a personas particulares, pero sobre todo ricos. Causa “rubor”, aunque no sorpresa, que destacados personajes o grandes firmas comerciales, como Mario Conde (exbanquero) o Victorio&Lucchino (modistos), figuren en una relación de deudores renuentes a contribuir con el bienestar de todos, no sólo en el suyo propio. No causa sorpresa porque sólo los más afortunados, los agraciados por la diosa fortuna, pueden permitirse el lujo de escamotear sus obligaciones con el fisco mediante desgravaciones, inversiones, paraísos fiscales y mil artimañas que no están al alcance de cualquiera. A un trabajador, por cuenta ajena o autónomo, le embargan directamente de la nómina o de sus rendimientos cualquier deuda con la Agencia Tributaria y, en general, con cualquier Administración pública. Desde una multa a una tasa municipal que agote los plazos de pago, con sus correspondientes sobrecargos por demora, son deudas que pasarán inmediatamente a ser descontadas de cualquier cuenta bancaria que figure a nombre del deudor, sin posibilidad alguna de reclamación y sin necesidad de figurar en ninguna lista cuya finalidad, al parecer, es únicamente la de dar a conocer la identidad del “moroso”, se sobreentiende que con la intención de minar el prestigio del afectado y causar descrédito personal o empresarial.

En esta primera “lista del millón” figuran más de 4.000 personas jurídicas que acumulan una deuda con Hacienda superior a 14.000 millones de euros, más otras 345 personas físicas que deben otros 700 millones de euros. En su conjunto, con todo el dinero que deben al Estado, se podría financiar, sin aplicar recortes, la atención de las personas dependientes en nuestro país que el Gobierno ha dejado sin ayudas. Si a la deuda anterior, sumamos lo que no se ingresa por fraude en el IVA, el dinero negro, la evasión fiscal y todo lo sustraído con la corrupción política y financiera, en España no sólo no habría que aplicar “recortes” en los servicios públicos, sino que sobrarían recursos para edificar un Estado de Bienestar aún más amplio y sólido, capaz de satisfacer las necesidades de los más desfavorecidos y paliar las desigualdades existentes nuestra sociedad. Podrían, incluso, extenderse aún más la educación y la sanidad, y se garantizarían las pensiones, sin detraer recursos del Fondo de Reserva de la Seguridad Social.

Pero, la publicación de una lista de deudores con Hacienda, por mucha curiosidad que despierte entre la población conocer la identidad de sus integrantes, no soluciona el problema de recaudación de impuestos del que adolece nuestra política fiscal. La eficacia de la lista se restringe a satisfacer el “morbo” de unos medios de comunicación ávidos de espectáculo y el de las personas sedientas de historias escabrosas. Ni siquiera sirve para, por miedo al descrédito y la pérdida del prestigio, que los futuros defraudadores o incumplidores de sus obligaciones con el Estado se abstengan cometer tan “impopulares” infracciones. Es decir, no vale para disuadir al futuro infractor o delincuente.

Que en esa lista figuren exmandatarios de clubes de fútbol, abogados, motoristas, empresas constructoras, inmobiliarias, jueces, grupos de comunicación, grandes familias, políticos o exbanqueros apenas aporta nada a la lucha fiscal ni a la moralidad y decencia cívicas. Al que no paga porque no quiere o no puede, una lista en la que figure su nombre no le desanimará de intentar evadir sus impuestos ni tampoco le permitirá solventar sus problemas financieros. La eficacia en la recaudación tributaria pasa por la lucha contra el fraude y la elusión fiscal. Y eso sólo se consigue con medios legales y dotación de recursos. En vez de leyes de amnistía fiscal y recortes en las plantillas de los empleados públicos de la Agencia Tributaria (AEAT), son aconsejables leyes rigurosas, agravar el delito fiscal, auditorías a empresas y personas jurídicas, y aumentar la dotación de inspectores y recursos de Hacienda.

Es evidente que lo más barato y “popular” son las listas de morosos, pero la eficacia contra el fraude requiere otros mecanismos más complejos y costosos, que permitan equiparar la AEAT a la de los países con rigor fiscal de nuestro entorno en cuanto a medios humanos y materiales. Mientras esto no se haga, seguiremos hablando de que Mario Conde o Victorio&Lucchino, entre otros muchos y conocidos, engañan al fisco. ¡Como si no lo supiéramos!  

viernes, 25 de diciembre de 2015

Black Friday

        
Hoy, 25 de diciembre, es para mi un “Black Friday”. No por ser día de Navidad ni por ser viernes, sino porque la festividad me hurta de un placer inveterado del que disfruto desde que tengo uso de razón: leer la prensa por la mañana, junto al primer café o durante el desayuno. Hoy es un auténtico “viernes negro” para el consumidor habitual de periódicos, sin los cuales el día transcurre con una extraña sensación de anomalía, como si le hubieran amputado los momentos más deseados para la plácida concentración y la serena intimidad, enfrascados en la lectura. Un día sin prensa es un día raro, minusválido y desasosegante para quien visita diariamente los kioscos y gusta hasta del olor y el ruido de manipular unas páginas sobre las que recorrer la mirada ávida de noticias e información. Es como si faltara el aire. La falta de prensa diaria provoca algo parecido al ahogo en quien depende del oxígeno de la lectura para iniciar la jornada. Sé que se puede seguir la actualidad a través de los medios digitales u otros soportes mediáticos, pero a los que prefieren el obsoleto y desprestigiado papel, en libros y prensa, no existe alternativa que proporcione una satisfacción semejante. Por eso, hoy es un verdadero “viernes negro” que, para colmo, se repetirá la próxima semana, el día 1 de enero, también viernes, también negro. Es peor que una maldición, es una auténtica tortura que te hace desear que estos días pasen lo antes posible para ir corriendo al kiosco a darte un chute de prensa.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Espíritu contradictorio de Navidad


Cuando llegan estas fechas, tan proclives a fiestas y alardes sentimentales, me embargan reacciones contradictorias: por un lado, no es que sea reacio a la felicidad que todos proclaman por Navidad, cosa que yo también deseo en mi fuero interno y secreto, sino que, por otro lado, me resulta inaceptable la obligación de serlo a fecha convenida y por encima de la voluntad de quien pueda aspirar a tan inalcanzable anhelo.

Tanta felicidad por decreto me solivianta el ánimo, tan pacífico e indolente casi siempre, y me empuja a mostrarme contrariado ante el empalago de buenas intenciones formales, más que reales, que hasta los desconocidos nos muestran. Prefiero la indiferencia común, la de cada cual a lo suyo, que la excesiva camaradería de los que, sin dejar de ir a lo suyo, exhiben un disfraz de bondad. Por eso no soy dado a comidas de empresas ni comilonas familiares marcadas por el calendario de unas festividades. No es que me desagrade estar con amigos, compañeros y familia, sino que deseo reunirme con ellos cuando realmente nos apetezca, con sincera y mutua voluntad, y no por una razón programada de obligado cumplimiento.

Sé que soy, en ésta y en muchas cuestiones, un enigma de contradicciones que ni yo mismo soy capaz de entender, mucho menos corregir, cuando al llegar estas fechas siento deseos de celebrar como todo el mundo la Navidad, incluso de poder entramparme hasta hipotecar el alma por regalar lo que no tengo, pero de inmediato me asalta, de forma contradictoria, una reacción de repudio ante lo que no es más, si le quitamos los envoltorios, que mera hipocresía y una pulsión colectiva al consumo. En definitiva, que me gusta la Navidad cuando la celebramos en cualquier otra fecha de manera espontánea, sin más ofrendas ni guirnaldas que las del placer por estar juntos, convivir y charlar. Por compartir aficiones y compartirnos afectos, simplemente. Por eso, ni felicidades ni buenos deseos, quedense con esta ofrenda que nos hace Al Jarreau a todos, también a ti, que me lees: Tu canción. 

lunes, 21 de diciembre de 2015

España plural, política plural

Fuente: Europa Press
Tras un extraordinariamente apretado año electoral, en el que se han celebrado elecciones europeas, municipales, autonómicas (aparte Cataluña y Andalucía, adelantadas en sus respectivas Comunidades) y finalmente generales, por fin los ciudadanos pueden descansar del esfuerzo cognitivo de elegir a tantos representantes para tan distintos ámbitos de la política en tan diversas ocasiones. Ayer mismo acaba de producirse el último acto en democracia electoral para decidir quiénes ocuparán los 350 escaños del Congreso de los Diputados y los 208 senadores elegidos por sufragio universal de la Cámara Alta. Desde las primeras, que llevaron a Europa a candidatos que surgían de nuevas formaciones, hasta las de ayer, se ha ido asentando, elección tras elección, una tendencia inédita y hasta sorprendente en el sistema político español: aparece la pluralidad y toma asiento en las instituciones de la representación popular. Y parece que viene para quedarse.

Tal conclusión es, justamente, lo que se desprende de los resultados de los comicios para la elección del presidente de Gobierno que acaban de contabilizarse. Con ese resultado, el presidente puede ser cualquiera o ninguno de los cabezas de lista de los partidos que han obtenido mayor representación parlamentaria. Ninguno goza de mayoría suficiente, por lo que el futuro Jefe del Ejecutivo dependerá de pactos que garanticen la mayoría absoluta para gobernar. Un escenario que, aún siendo augurado por todos los sondeos previos y hasta temido por algunos partidos, no deja de ser peculiar y novedoso en España. Unos resultados que inauguran una nueva época que obligará a una nueva forma de hacer política. Ni mejor ni peor, simplemente distinta. Y a la que tendremos que acostumbrarnos.

Más de 36 millones de españoles estaban convocados a ejercer su derecho al voto, millón y medio de los cuales eran jóvenes que se estrenaban como electores por primera vez, y este mosaico político es el que ha emanado de su voluntad depositada en las urnas. Refleja una España plural, diversa, compleja y llena de matices, donde no caben doctrinas monolíticas ni verdades absolutas, sino interpretaciones parciales tan legítimas como las contrarias. Un escenario abocado al diálogo y la negociación.

Los 122 escaños del Partido Popular y los 91 del PSOE suponen el fin de las hegemonías de unos partidos que, turnándose el favor de las mayorías absolutas, gobernaban laminando toda discusión, todo debate, toda idea o toda iniciativa que no coincidiera con la suya. Con los resultados de ayer, asistimos al fin de un ciclo, caracterizado por el bipartidismo, y al inicio de otro, marcado por la pluralidad y los acuerdos, por los pactos y las negociaciones entre partidos que trasladan al Parlamento español la diversidad y las distintas visiones existentes en el seno de la sociedad. Desde las elecciones europeas a las generales, el bipartidismo pierde un tercio de los apoyos que le confiaban los electores, pasando del 70 al 50 por ciento de la representación popular.

El reto de las nuevas formaciones, que han conseguido ampliar el cromatismo del arco parlamentario pero no han logrado derribar totalmente, como se proponían, ese bipartidismo que consideraban obsoleto, fruto de la “vieja” política, consiste ahora en demostrar que acceden a las instituciones para traer transparencia y savia nueva, pero también diálogo y capacidad de hacer política. Podemos, con 69 escaños, y Ciudadanos, con 40, junto a las formaciones nacionalistas y los restos del naufragio de Izquierda Unida-Unidad Popular (2 diputados), disponen hasta el 13 de enero para, cuando se constituyan las Cortes Españolas en las que se integran, pensar en cómo conjugarán sus respectivos intereses a la hora de elegir al presidente del Gobierno de la legislatura que acaba de nacer.

Tal fragmentación del Parlamento, provocada por la existencia de más de nueve grupos  parlamentarios, se convierte, a partir de hoy, en la nueva realidad en la que ha de cimentarse la gobernabilidad de España y su estabilidad política. Muchas voces, muchas opiniones, distintas visiones, distintos modelos, multitud de iniciativas y tendencias distinguirán esa nueva realidad, reflejo mucho más fidedigno de la que existe en la calle, entre la población. Todas ellas serán válidas y respetables si tienen por objetivo el bien general, no el interés particular o sectario.

Comienza una nueva era política en España, donde aún no conocemos los gobiernos de coalición ni sabemos asumir las aportaciones del adversario. A partir de ahora, habrá que aprender a escuchar, ceder, negociar y pactar. Será difícil consensuar cualquier política de Estado desde la miopía individualista y de espaldas al sentir de los ciudadanos, que han dictaminado su mandato: el país es plural y la política también ha de ser plural. Lo acaban de expresar en las urnas. Habrá que acatar su soberana voluntad... o convocar nuevas elecciones. ¿Cuántas?

domingo, 20 de diciembre de 2015

Nublado día para la responsabilidad


Entre las cosas que se pueden hacer un domingo como hoy, como ir al cine, comer en la calle o quedarse en casa leyendo, está la de poder ejercitar el derecho al voto. Ninguna de esas actividades es excluyente y pueden ser compatibles entre sí. Hoy, 20 de diciembre, España celebra las 12ª elecciones generales desde que accediera a la democracia hace 38 años, tras sufrir una dictadura que duró más de cuatro décadas. Si hubiera que recalcar algún motivo para votar, bastaría con reconocer que la democracia es la mayor conquista de los españoles de manera pacífica. Sin ella no existiría posibilidad alguna de libertad, por muy aburrido que sea votar cada cuatro años. Sólo tiene una exigencia: en libertad, somos responsables de nuestros actos y nuestras decisiones. Bajo nuestra responsabilidad, podemos decidir abstenernos o votar, y se nos brindan varias opciones para el acto de votar. El Parlamento que surja de las votaciones de hoy condicionará la vida política de nuestro país los próximos cuatro años. No es un asunto menor participar y contribuir en la orientación y sentido de nuestra convivencia en común, como sociedad. Todo ello es fruto de la democracia, cuya principal virtud es hacer tediosa nuestra responsabilidad y casi imperceptible nuestra libertad. Puede que, en democracia, ninguno de los candidatos sea el más capacitado para gobernar, pero –parafraseando a Popper- este sistema te garantiza, en principio, que se marchará. Es nuestra responsabilidad que así sea siempre. Piénselo, sea lo que sea lo que vaya a hacer este domingo, un día nublado para la responsabilidad.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Jornada de tranquilidad

Este año convulso, sacudido de principio a fin por la violencia terrorista islámica (Charlie Hebdó y discoteca Bataclán, en Francia), pronto va acabar. Bajo esa amenaza y las secuelas de la crisis económica, ayer se agitaron los últimos pañuelos en los mítines de cierre de la enésima campaña electoral de España, con las consabidas arengas de los candidatos invitando al voto. Ha sido una campaña pacífica que ha transcurrido con la normalidad acostumbrada, salvo el puñetazo propinado a Mariano Rajoy por parte de un aislado adolescente desquiciado, incapaz de expresarse de forma civilizada. Hoy, finalmente, callan la propaganda, los mítines y los seudodebates para que los ciudadanos reflexionen su elección, a pesar de que cada elector ya tiene decidido quién merecerá su confianza en las urnas, mañana domingo. Entre tanto estruendo a lo largo del año que agoniza, las notas de un saxofón parecen provenir de alguien distraído en una esquina del cielo, mientras observa el paso de la eternidad. De un lugar donde habita la tranquilidad. Frente a la confusión y la algarabía cotidianas, la música es el refugio del silencio armónico y la paz de los mansos. La última frontera de los que prefieren el amor al odio. Y en nombre de ese amor, Grover Washington Jr., justo al final de todo, nos brinda una oportunidad a la serenidad, la reflexión, la calma. Que pasen buen día.


jueves, 17 de diciembre de 2015

No a la violencia


Ayer, durante un acto en Pontevedra del Partido Popular, en el curso de esta campaña electoral atípica en la que no se confrontan ideas, propuestas y programas sino emociones, eslóganes e invectivas entre candidatos que se acusan mutuamente de todos los males que asolan el país, un adolescente descerebrado propinó un puñetazo a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno.
 
En un país en que la educación es un asunto pendiente, que sólo se modifica cuando el gobierno de turno pretende imponer sus ideas a través de los planes de estudio, y en el que una crisis económica se ha cebado con los más débiles, en especial con los jóvenes, no es de extrañar que alguno piense que es mejor no pensar y más útil defender sus argumentos con violencia, a base de golpes y puñetazos, como en las películas o los videojuegos.

Desde las antípodas de su ideología, hoy expreso desde aquí mi incondicional apoyo al candidato Rajoy y al Jefe del Gobierno de España, persona y cargo que han de ser respetados y tratados con la dignidad que merecen y que reúne cualquier persona. Me pongo a su lado para repudiar, desde la solidaridad, toda manifestación de violencia y cualquier agresión física o verbal que invada sus derechos y su libertad.

Si esta bochornosa conducta de un energúmeno ha de traer consecuencias, que sean las de la sensatez, el respeto y la moderación en que se basan todo diálogo entre las personas y la convivencia colectiva en sociedad.

martes, 15 de diciembre de 2015

Un debate para dos

Además de “un debate para dos”, también podría titularse el cara a cara que anoche mantuvieron el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, del Partido Popular, y el líder de la oposición, Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), como “dos no debaten si uno no quiere”. Y es que eran sólo dos -de entre los cinco candidatos que se presentan a estas elecciones generales con posibilidad de tener representación parlamentaria-, por condición impuesta por quien desea seguir ejerciendo de presidente del Ejecutivo, los que más que debatir se dedicaron a tirarse a la cara eslóganes y reproches, ofreciendo una actitud agresiva el que aspiraba a apearlo del cargo. Entre quien no supo o no pudo defender su gestión con convicción, claridad y contundencia, y el que se dedicó a afearle al contrario todas sus insuficiencias y la responsabilidad de la corrupción que “grangrena” al partido gobernante, no se produjo ningún debate de ideas, programas y proyectos. De ahí que no viéramos un debate para dos, ni siquiera entre dos, sino aquel en que dos no debaten si uno no quiere. Así, el domingo próximo podremos elegir cuál de todos ellos nos convenció mejor, incluyendo a los ausentes, en este espectáculo, peliculero hasta en el título con el que podría catalogarse.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La “loma” del clima

En París confiaban coronar una cumbre desde la que alcanzar un consenso climático mundial y sólo consiguieron ascender una loma para reconocer que, si no se reducen las emisiones contaminantes de efecto invernadero, especialmente las procedentes de combustibles fósiles, la temperatura global del planeta subirá más deprisa y en más grados de lo que lo haría siguiendo su evolución “normal”. Un calentamiento acelerado, con consecuencias catastróficas para la naturaleza y para una proporción inmensa de seres humanos, provocado por nuestro estilo de vida que emite ingentes cantidades de CO2 a la atmósfera debido al uso de los combustibles fósiles en la industria, los coches y demás tecnologías que nos posibilitan el desarrollo a cambio de envenenarnos. Pero lo que iba ser una cumbre para ponerse de acuerdo en eludir ese negro porvenir climático del que somos responsables se ha quedado en una pequeña loma desde la que todos vislumbran el aciago horizonte, sin asumir obligaciones para ponerse todos a una contra la amenaza que entraña. Cada uno la combatirá a su ritmo y a su manera, con el objetivo de que, a finales de siglo, el aumento de temperatura media no supere los 2 grados. Pero sin obligaciones vinculantes, la meta se presenta verdaderamente inalcanzable, aunque “abre un camino” para futuras medidas más drásticas y, tal vez, más eficaces. Desde la loma se baja sólo con buenos propósitos.

Con todo, el acuerdo de París supone un hito formidable, de enorme trascendencia, en la lucha mundial contra el cambio climático, tras más de 20 años de reuniones y declaraciones bajo el amparo de Naciones Unidas que condujeron al fracasado Protocolo de Kioto, que establecía límites a cada país para la emisión de CO2 que sólo cubrían el 11 por ciento de las emisiones mundiales. Esta vez no se imponen obligaciones sino que serán compromisos voluntarios para frenar las emisiones que los países asumen en función de sus necesidades y posibilidades. Otra novedad es que tales compromisos serán verificados y sometidos a revisión para adaptarlos al objetivo de impedir el sobrecalentamiento del planeta. A este acuerdo se han adherido 186 de los 195 países reunidos en París, entre ellos China, India y Estados Unidos, cuyas economías son las más contaminantes del mundo. Es por ello que el acuerdo de París tiene una magnitud histórica, al conseguir unir por primera vez a todos los países en un pacto global contra el cambio climático. Y por zanjar definitivamente la discusión sobre la evidencia científica del calentamiento del planeta a causa de la actividad humana. Ya nadie duda de la existencia de este problema planetario y todos se comprometen a enfrentarlo, limitando y reduciendo sus emisiones de gases con efecto invernadero.

Se asumen, por fin, “responsabilidades comunes” entre todos los signatarios del acuerdo, “pero diferenciadas” según se pertenezca a países del mundo desarrollado, emergente o en vías de desarrollo, fijando para los primeros plazos más cortos para limitar sus emisiones lo antes posible y dando más tiempo al resto, con la meta de que, en la segunda mitad de este siglo, se deberá conseguir el equilibrio entre emisiones y la capacidad de absorción de esos gases, principalmente del dióxido de carbono. El acuerdo, tras un período de firma y ratificación en Naciones Unidas, entrará en vigor en 2020 y, con él, los planes de reducción a los que se comprometen (“contribuciones” nacionales) los 186 países que ya los han negociado. Dado que con estas primeras “contribuciones” no se podrá detener el aumento de la temperatura global, todas ellas se revisarán al alza cada cinco años, hasta conseguir el objetivo acordado de no exceder los dos grados de aumento. El calendario fija para 2018 el primer análisis de tales contribuciones, y la primera actualización en 2020, con la entrada en vigor del acuerdo.

Este reconocimiento de las propias insuficiencias del acuerdo, a pesar del triunfalismo con el que se anunciado, es lo que subrayan muchas de las críticas procedentes del ámbito científico y de las organizaciones ecologistas no gubernamentales. Destaca entre ellas la del pionero en el estudio del cambio climático, James Hansen, quien en declaraciones a The Guardian manifestó: “Estamos ante un fraude y una farsa”, puesto que el acuerdo no ha establecido compromisos ni calendarios de obligado cumplimiento.

En España, Ecologistas en Acción, por su parte, denuncian como “decepcionante” e “insuficiente” lo acordado en París, en especial porque “carece de herramientas necesarias para luchar con eficacia contra el calentamiento global” y por perder “una oportunidad de reforzar e internacionalizar un cambio de modelo basado en las renovables”. Y Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF España, avisa de que, a pesar de que el acuerdo es un primer paso importante, no impide que España siga “quemando carbón y apoyando las prospecciones de petróleo y gas y no se comprometa de verdad con un modelo cien por ciento renovable y a terminar con el apoyo a las energías contaminantes”.

Es decir, que los buenos propósitos con los que bajan de la “loma” de París los defensores del uso de energías limpias no parecen suficientes, según los críticos, para adoptar de manera urgente las medidas que aceleren el cambio hacia una economía baja en carbono. Reconocen la importancia del acuerdo, pero advierten que la meta ambiciosa de frenar el aumento de temperatura le faltan medios también ambiciosos para conseguirlo realmente. Y señalan que habrá que seguir presionando con acciones nacionales para acelerar la reducción de estas emisiones contaminantes, brindar recursos para la transición energética en las economías en vías de desarrollo y proteger a los países más vulnerables, como explica la delegación de WWF para las Negociaciones Climáticas de Naciones Unidas.
 
Y es que el acuerdo de París no satisface completamente, como era de esperar, a nadie, aunque tampoco se puede negar su importancia en el compromiso global por la lucha contra el cambio climático. Sin imponer obligaciones y con plazos indeterminados, al menos supone un aviso de que las economías del mundo tendrán que adaptarse a no utilizar los combustibles fósiles y transitar hacia un modelo sostenible basado en las energías renovables. Tal vez una entelequia, observando cómo España ampara a unas y castiga el desarrollo e implantación de otras, como la termosolar de la que este país es referencia mundial en investigación e innovación tecnológica. París es un hito histórico que deja abiertas muchas incógnitas y a demasiadas personas expuestas a los peligros de la elevación del nivel del mar, tormentas cada vez más virulentas y sequías más extremas. Los peligros del cambio climático siguen vigentes, incluso desde la loma de París.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Black Year

Hoy podría ser otro “Black Friday”, ese “viernes negro” que se ha inventado el capitalismo para exprimir todavía más a los consumidores, pero para Isabel, Fuensanta o Conchi será un “viernes negro” literal y mucho más duradero, tan duradero que será eterno. Para ellas y para Teresa, Beatriz, Laura o Susana, entre otras, será su “Black Year”. Un terrible año negro para las mujeres que han sido asesinadas en nuestro país por la sola y única razón de ser lo que son, mujeres que han decidido no soportar más la situación de violencia, dominación y humillación que recibían por quienes un día les prometieron amor y las trataron como simples objetos para su disfrute, uso y diversión.

La violencia que sufren Tamara, Mª del Águila, Francisca, Otilia y muchas más las ha llevado a la tumba a manos de sus compañeros sentimentales, auténticos asesinos que sólo así, de manera cobarde y causando la muerte, podían soportar perder lo que creían que era suyo y carecía de dignidad y sentimientos. Más de 50 mujeres han perdido la vida en España este año, como las citadas anteriormente, a causa de la sinrazón de un machismo que desea mantener situaciones de desigualdad en las que impone su dominio sobre la mujer. Una situación que atenta contra la dignidad, la libertad y la integridad de la mujer, sin que la sociedad sepa reaccionar con contundencia y eficacia para erradicar una lacra que ya acumula, desde el poco tiempo que lleva contabilizándose, tantas víctimas mortales como el terrorismo de ETA en toda su macabra historia.

Rosemary, Chari, Dolores, Marina, Mª José o Almudena engrosan la fúnebre lista de mujeres, con edades comprendidas entre los 23 y 76 años, con estudios o sin ellos, trabajadoras o amas de casa, que sólo por su condición sexual, por ser simplemente mujeres, han sido arrebatadas violentamente de la vida por sus maridos, novios o compañeros sentimentales a puñaladas, golpes, balas, atropelladas o lanzadas al vacío, muchas veces frente a sus propios hijos o junto a otros familiares. Todavía, frente a esta violencia gratuita y demencial, hay quienes no alcanzan a distinguir la gravedad del problema o banalizan su importancia, criticando las insuficientes y pobres medidas adoptadas para combatirlo. Todavía hay miserables que pretenden minimizar el alcance de un mal que amenaza a la mitad de la población y que se incuba en el interior de los hogares, reproduciendo estereotipos patriarcales y ámbitos sociales y culturales basados en la desigualdad de la mujer frente al hombre.   

Para Sandra, Antonia, Divina y tantas otras no ha existido un viernes negro, sino todo un año negro que se ha cebado con sus vidas para sepultarlas bajo la losa del olvido y el desinterés de una sociedad que no ha sabido defender el más preciado de sus derechos humanos: la vida. La violencia contra la mujer es un cáncer que debemos erradicar en toda sociedad que se considere civilizada. Y un problema que nos concierne a todos, a fin de evitar que se produzca otro black year para la mujer.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El morbo de la tonadillera


No es lo mismo un preso común que un famoso preso, como no es igual un delincuente de cuello blanco –como Bárcenas o Mario Conde- que un vulgar ratero drogadicto –como los que brotan de la marginación en los arrabales de la sociedad-. Los primeros causan sorpresa e interés, despertando la atención de los medios de comunicación y las portadas de las revistas de peluquería, mientras los segundos no merecen un reglón ni en las páginas de sucesos, salvo que protagonicen una huida espectacular o la emprendan a navajazos con los soplones que favorecieron su captura. Es decir, que hay distingos entre los delincuentes y diferentes varas de medir su delito según pertenezcan a un grupo u otro de presidiarios. Unos penan sin el perdón de nadie y otros con la misericordia que les confiere la fama. Es lo que sucede con Isabel Pantoja, la pobre.

La desafortunada cantante, artista sevillana de la copla y los faralaes, es noticia permanente por sus entradas y salidas de la cárcel, adonde fue condenada con dos años de pérdida de libertad por blanquear dinero de su antiguo amante, el exalcalde de Marbella, Julián Felipe Muñoz Palomo, alias “Cachuli”. Ahora, tras cumplir más de la mitad de la condena, la tonadillera tiene derecho al tercer grado, lo que le permitiría disfrutar de un régimen de semilibertad, pernoctando de lunes a jueves en un centro de reinserción y con los fines de semana libres. Esta situación acapara titulares periodísticos y fotografías o reportajes en las revistas del corazón, sin que las demás excarcelaciones que se producen cada semana en las cárceles españolas atraigan idéntica cobertura mediática.

El Tribunal de Vigilancia Penitenciaria parece que valora, a la hora de autorizar la nueva clasificación y la de todos los permisos carcelarios que ha concedido a Isabel Pantoja, el buen comportamiento que ha mantenido en la cárcel, que haga frente puntualmente al pago de la multa de más de mil millones de euros que se le impuso y que haya asumido la “responsabilidad del delito”, vamos, que admita su culpabilidad, aparte de cumplir más de la mitad de la condena. En resumen, que reúna los requisitos que se le exigen a cualquier preso en la misma situación.

Pero con la que fuera la “viuda de España” las circunstancias son distintas. Entre otras, porque es un personaje de la farándula que creía tener impunidad para delinquir a la par que exhibía su vida sentimental y artística por los escaparates de la fama, mientras los delincuentes de medio pelo, los que ni cantan ni bailan para cometer delitos, simples “robagallinas”, por carecer, carecen de abogados que apelen por su situación y ni siquiera tienen claro poder acceder a los beneficios penitenciarios. Con tantos ojos pendientes del morbo que rodea a este personaje, ni queriendo podría la cantante olvidar la fecha de un permiso carcelario, mucho menos el acceso a la semilibertad, mientras que un preso común podría perfectamente desconocer la de su puesta en libertad, sin que nadie lo reclame. Un caso despierta el morbo de la fama caída en desgracia, y los otros, sin ningún interés para la sociedad y los medios, sufren la más absoluta indiferencia.

De Pantoja se conoce al detalle, con puntillosa difusión periodística, que era una mujer dada al quebranto y la pena en su vida amorosa. Su primer matrimonio, con el torero Francisco Rivera, Paquirri, apenas duró un año, tras morir corneado el diestro durante una corrida celebrada en la localidad cordobesa de Pozoblanco. Años más tarde, Isabel y Julián comienzan sus amoríos en Marbella, donde él consigue ser alcalde antes de que sea defenestrado al poco tiempo por una moción de censura de su propio partido. En 2006, un juez envía a prisión a Julián Muñoz por malversación de caudales públicos y cohecho. En 2007, la tonadillera también es detenida, acusada de utilizar sus sociedades para blanquear 1,85 millones de euros procedentes de las actividades delictivas de su compañero sentimental. El dinero que entraba en su casa en bolsas de basura era blanqueado por tres vías: la inmobiliaria, la financiera y la ganadera.
 
Y por ello, por participar de un delito del que recibió en sus cuentas un total de 1,12 millones de euros, es por lo que Isabel Pantoja está en la cárcel. El resto de su corta y apasionada historia junto a “Cachuli”, cuya relación sentimental duró sólo tres años, carece de interés penal. Sin embargo, los medios la recuerdan constantemente y la consideran causa fundamental de su actual situación penitenciaria. Como si para ser ladrón fuera imprescindible estar enamorado. Un eximente que no se contempla en los demás presos. Y es que el morbo lo acapara, en su beneficio, el famoso, normalmente banqueros, políticos o artistas. En este caso, Pantoja, la tonadillera. Esa es la razón por la que no es lo mismo un preso común que un famoso preso. Al segundo hasta un presidente de Gobierno puede enviarle mensajitos de apoyo a la cárcel. Clases que hay entre los presos.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Saturación electoral


No ha hecho más que arrancar oficialmente la campaña electoral y la sensación de hartazgo es ya insoportable: políticos hasta en la sopa que nos persiguen todo el santo día. No hay programa de televisión en que no aparezcan. Sólo les faltan los documentales, junto a otros animales que forman plagas. Llevamos en “campaña” más de 365 días y, si me apuran, toda la legislatura. Sufrimos un empacho de políticos, todos contra todos, que hacen que, a estas alturas del año, esta última (por ahora) convocatoria a las urnas en España (la cuarta vez) se viva y se sienta como una insufrible saturación electoral. ¿Acabará alguna vez este martirio?

Y es que, desde hace ya muchas semanas, los candidatos a estas elecciones generales están en “precampaña” atormentándonos a base de consignas, anuncios, mensajes, advertencias, denuncias, reformas, promesas, prioridades y demás palabrarerías que llevan a la confusión al más centrado. No se puede estar meses y meses, por prensa, radio, televisión e Internet, intentando convencer a los ciudadanos de lo que harán cuando consigan su confianza y de que todos los males son debidos al contrario, enemigo o adversario, gobierne o esté en la oposición, o en ninguna de esas situaciones.

Al principio, lo reconozco, hubo cierta expectación por la novedad de las formaciones emergentes que recogieron la indignación popular y las protestas que se corporeizaron en las calles durante el 15M. Podemos, el “partido-globo” de Pablo Iglesias (lo mismo se hincha que se vacía) supuso en las elecciones europeas y municipales toda una esperanza de regeneración en los usos y costumbres de la política habitual de este país. Su imagen informal, sus melenas y piercing y su alergia a las corbatas parecían traer un aire fresco a las instituciones, pero pronto sucumbieron a lo “posible” y posibilitaron o negaron acuerdos en aquellas parcelas del poder donde perdieron la virginidad de gobernar, al “negociar” la realidad con pragmatismo calculado. Hasta sus promesas electorales tuvieron que adecuarse y “diluirse” en lo tangible e inmediato: ya no aspiran a una nueva Constitución, sino su reforma. Eso rebaja sus expectativas y timbran sus palabras con el soniquete del “bla,bla,bla” que aburre al más entregado.

Con Ciudadanos, aparentemente en la cresta de la ola, sucede algo similar, pero aún más confuso y con mayor sensación de desconfianza. No porque sean originariamente catalanes, que también, donde nacieron para hacer política españolista, sino porque si existe posibilidad para un partido bisagra será, con seguridad, con éste, máxime tras la desaparición fulminante de UPyD. No hay más que ver cómo se han comportado en Andalucía y Madrid, apoyando derechas e izquierdas. Los fans -porque ya no hay seguidores ni militantes sino fans- de Albert Rivera parecen seducidos por su imagen limpia, moderna y modosita, como si fuera el último artilugio que la propaganda exhibe en electrónica o telefonía. Es decir, lo consumen porque es lo último en el mercado del voto, sin importar programa, lo que represente o prometa. Es un líder joven que, aunque tiene sus tics, habla bien y comunica cosas razonables, si no se para uno a analizar en detalle. Está atrayendo a todos los desencantados a diestra y siniestra.

Pero si hay una formación que da pena es Izquierda Unida, tan desunida como siempre e inventándose nueva marca para no cambiar de perro y mantener el comunismo donde siempre estuvo: en los ámbitos minoritarios de esos iluminados que, con sus profesías del fin del capitalismo y la redención de los pobres, son desoídos por aquel y estos. El pobre Alberto Garzón, el más joven de cuantos participan en este torneo de charlatanes, anda advirtiendo donde quieran escucharlo acerca de los falsos predicadores de la nueva buena y de que la palabra verdadera es la suya, la que nos traerá el reino de los trabajadores a este mundo, junto al de los ecologistas, la igualdad de género y los pensionistas. Ya ni lo invitan a las tertulias en aplicación de una injusta previsión-representación electoral, tan atenta a la “rentabilidad” (de espectadores o publicidad) de cualquier producto audiovisual, inclusive los electorales.

En medio de este maremagnum ideológico y propagandístico, los pilares del bipartidismo, tan vilipendiado, siguen en pie y soportando, aún, el peso de la política nacional, aunque den muestras de cierto deterioro y cochambre. PP y PSOE se enfrentan a la enésima batalla por el timón de España y sólo buscan que sus afines no los abandonen para repartirse la defensa de la Constitución, la gobernabilidad del Estado y las subvenciones públicas. Dicen que el rey, bien, gracias, e insisten, desde hace décadas, en ser los adalides del “cambio” cuando lo único que hacen cambiar son las manos que meten en la caja de los dineros de todos, bien para llevárselo calentito o bien para despilfarrarlo de manera insensata. Un rostro viejo, tan viejo que nunca se le ha conocido otra “profesión”, y otro recién llegado pero con idéntica ambición, ponen su careto en los carteles electorales que cuelgan de las farolas y en las vallas publicitarias. Eslóganes manidos subrayan una inútil estrategia por atraer la mirada de los viandantes camino de la oficina del paro o del empleo precario. Prometen lo que nunca han cumplido y aseguran lo que ignoran o desprecian. Se necesitan el uno al otro y, entre ambos, buscan guardar el equilibrio que les permite un apoyo popular mayoritario para seguir mangoneando alternativamente en nuestro nombre. Están, en esta postrera confrontación electoral del año, nerviosos con los nuevos comensales de la tarta política porque tocará a menos, con toda y demoscópica probabilidad. Y visiblemente cansados, porque tantas citas con las urnas, tantos paseos por los arrabales de España, tantos mítines para gritar obviedades y frases de argumentario, tantos debates con quienes se presten a ello y tanto esfuerzo físico, aunque sea en coche oficial y aviones privados, agota. Y se les nota.

Pero más se nota en el ciudadano que soporta a unos y a otros. A todos. El votante y el abstencionista están hartos de los cantos de sirena y de las demostraciones de que la economía está en fase de recuperación, cuando lo que perciben a su alrededor es más pobreza, más desigualdades, más precariedad y más desprotección. Hartos de oír que la prioridad es el empleo y los jóvenes, cuando ni hay empleo de calidad o estable y la juventud que puede emigra en avalancha a otros países en busca de lo que aquí se le niega: trabajo. Los parados están cansados de ser dígitos en una estadística que sólo sirve para escamotear su realidad y sus penurias, no para conseguir alguna prestación o una posibilidad de empleo. Los jubilados, esos por los que todos se preocupan porque sobreviven demasiado, no sólo pierden cada año poder adquisitivo, sino que andan asustados porque la “sostenibilidad” del sistema no garantiza sus pensiones, en clara alusión a quienes tienen un pie entre las clases pasivas para que vayan contratando un adicional plan privado de ahorro. Hasta los funcionarios, históricos parásitos que se pasan la vida entera chupando la sangre de los españoles en juzgados, hospitales, escuelas y comisarías a costa del erario público, están divididos entre quienes les recortan salarios y derechos y los que todavía aseguran que es posible adelgazar aún más la administración para corregir nuestro abultado déficit. Están hartos de ser la cara del “déficit”. Entre pobreza energética, pobreza laboral, pobreza salarial y pobreza moral, la gente no presta atención a los que diagnostican sus problemas pero no acaban de darles solución. La ciudadanía está saturada de falsas promesas e inútiles esperanzas. Un año electoral da para mucho, hasta para el hartazgo de palabras vacías y vanas intenciones. Está hastiada con esta eterna campaña electoral para nada, para que todo siga igual. Los pobres, pobres, y los ricos, ricos. Y está deseando que todo acabe de una vez, aunque en Cataluña parecen decididos a continuar dando la lata, ahora que ya no es ETA la que nos sobresalta.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Domingos de terracota


Solemos dedicar la mañana dominical a visitar aquellos lugares de la ciudad que no frecuentamos con asiduidad, como los museos, los parques o hasta los muelles del río. Nos dejemos llevar por los recuerdos de la infancia en que nuestros padres acostumbraban, tras la obligada celebración religiosa, darnos rienda suelta por parques y jardines antes de comprarnos alguna chuchería de regreso a casa.

Los domingos no son jornadas culturales propiamente dichas, pero sí bastante semejantes, que se acompañan de un gran componente lúdico o, para ser más precisos, constituyen un ocio dedicado a la curiosidad, no a la diversión. Así, dirigimos nuestros pasos al Muelle de las Delicias, en la zona sur del Puerto, que la ciudad pretende poco a poco convertir en una nueva zona de expansión lúdica, con una Noria gigante desde la que contemplar a vista de pájaro una panorámica inédita de Sevilla; el Acuario recién estrenado que ya de por sí necesita toda una mañana para recorrer los distintos estanques que recrean los ambientes marinos y la fauna acuática del mundo; y, desde el pasado noviembre, una carpa donde se ubica la exposición sobre el Ejército de Terracota, una réplica fiel y asombrosa de los Guerreros de Xi´an.

Se trata de una exposición que ya ha visitado Madrid y Bilbao y que, hasta el próximo mes de enero, brinda al público de Sevilla la posibilidad de conocer la dimensión real del descubrimiento arqueológico más imponente e importante no sólo de China, sino del mundo, después de las pirámides de Egipto. El hallazgo de más de 8.000 esculturas de guerreros, caballería y armamento en terracota, a escala real, que fueron enterrados junto al mausoleo del primer emperador de China, Qin Shi Huang, quien se obsesionó por buscar la vida eterna y el elixir de la juventud, y no encontró mejor forma de hallarla que a través de sus Guerreros de terracota, que le sobrevivirían después de la muerte.

Tal hallazgo está considerado, desde el año 1987, como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y sus descubridores y excavadores oficiales –la arqueóloga Xu Weihong y su equipo- fueron galardonados en nuestro país con el premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales en 2010.

La réplica que se expone en Sevilla recrea de manera fiel el conjunto de soldados que fueron hallados en tres fosas, en cuyo epicentro se mantiene aún intacto, sin descubrir, el mausoleo real con los restos del emperador, que solamente se sacarán a la luz cuando los métodos de conservación garanticen la preservación de las pinturas, los barnices y demás restos arqueológicos allí enterrados.

Dedicar, pues, un domingo –o cualquier día- a los Guerreros de terracota es obsequiarse con la oportunidad emocionante de admirar que el vasto mundo está plagado de las obsesiones y hazañas del ser humano, siempre dispuesto a encontrar un significado a su existencia. Dense una vuelta, no se arrepentirán.
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Exposición: Muelle de las Delicias, del 13 de noviembre al 24 de enero. Sevilla.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Nubarrones en la energía del sol


A veces, cada vez con más frecuencia, empresas gigantes con apariencia sólida, enorme prestigio y líderes en su sector demuestran tener los pies de barro y se vienen abajo para sorpresa de propios y extraños. Es lo que ha pasado con Abengoa, un holding industrial sevillano dedicado a la ingeniería y las energías renovables que, de buenas a primeras, tras una concatenación de hechos desafortunados que han culminado con la huida del último socio (Gestamp) que podía aportar cierta liquidez financiera, se ha visto en la necesidad de presentar un preconcurso de acreedores. Es decir, la empresa anuncia que tiene más deudas que ingresos por lo que, ante la posibilidad de quiebra, se acoge a una figura de la nueva Ley Concursal que le permite durante un plazo de tres meses, ampliable a cuatro, negociar con sus acreedores (bancos privados y públicos y proveedores) un acuerdo de refinanciación y/o la búsqueda de un nuevo socio que inyecte recursos para salvar la empresa y evitar el concurso definitivo de acreedores, es decir, declararse en quiebra y proceder al desguace para vender los restos más rentables de la empresa al mejor postor.

Una vez producida esta indeseable situación, todos los analistas económicos y empresariales se lanzan a elaborar sesudos estudios que explican a posteriori lo que nadie supo prever y descubrir las dificultades de financiación y una gestión cuestionable que fueron causa, según los expertos, de la asfixia de una Abengoa que, hasta ayer, era empresa puntera a nivel mundial en tecnología termosolar y orgullo industrial de Andalucía. Hoy “explican” tales expertos, y evidencian las cuentas, que Abengoa tiene una deuda de 6.283 millones de euros y un pasivo total que supera los 27.000 millones de euros, cuando su cifra de negocio, en los tres primeros trimestres de este año, fue de 4.872 millones de euros. Y lo que es aún más grave: ha empujado a un sinvivir a un número de trabajadores que sólo en Sevilla supera las 2.000 personas y 28.000 más repartidos por España y el resto del mundo. Todo un drama empresarial, económico y social para una región en la que el paro alcanza cotas de vergüenza y cuyo tejido industrial dista de ser el mínimo requerido para el desarrollo y modernización de la región. En ese contexto se produce el “tropiezo” de Abengoa.

Desde que en la década de los cuarenta del siglo pasado se fundara en Sevilla esta empresa, con la intención de fabricar contadores monofásicos para la entonces Compañía Sevillana de Electricidad, hasta hoy, en que desarrolla su negocio en los sectores de la energía y el medioambiente, posicionándose como líder mundial en la tecnología termosolar, Abengoa ha experimentado un crecimiento constante que le ha permitido convertirse en un holding que está presente en más de 80 países. Reflejo de esa envergadura y complejidad industrial es su sede en Palmas Altas (Sevilla), obra del arquitecto británico Richard Rogers e inaugurado en 2009 como el primer parque tecnológico empresarial dedicado a la innovación de Andalucía y el mayor de carácter privado del sur de España, con una superficie de más de 42.000 metros cuadrados.

Perder, por los motivos que sean, una empresa así sería una desgracia desde el punto de vista económico, tecnológico, industrial, económico, laboral y hasta de imagen para España a escala internacional. Evidentemente, no se pueden soslayar los errores de gestión cometidos ni las posibles responsabilidades de su cúpula ejecutiva por la grave situación a la que han conducido a la empresa. Pero tampoco se pueden ignorar lo que esta empresa pionera representa en el campo de las energías renovables, en la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías medioambientales y para el empleo, por los miles de puestos de trabajo que genera, directa e indirectamente, en España y otros países, todo lo cual está abocado a desaparecer si no consigue refinanciar sus deudas.

Unas deudas que obedecen, en parte, a factores ajenos a la gestión de la empresa, como son el bajo precio coyuntural del petróleo, que desmotiva la inversión en energías renovables, al principio mucho más costosas aunque más respetuosas con el medio ambiente y más sostenibles que la convencional, y la drástica e inesperada reducción de la subvención estatal a las renovables, las denominadas primas de producción, que el Gobierno decidió recortar, sin establecer ningún período de adaptación, para controlar el “déficit de tarifa” eléctrica. Aunque más del 80 por ciento del negocio de Abengoa se produce fuera de España, la compañía ha visto afectada su cuenta de resultados por estos motivos, máxime cuando la construcción y puesta en marcha de las centrales termosolares, por ejemplo, suponen inversiones iniciales muy cuantiosas y la recuperación de lo invertido es a largo plazo. Para ello, necesita financiación externa. Y esa financiación la proporcionan los bancos de inversión industrial. De ahí que los principales acreedores de Abengoa sean los bancos de Santander, CaixaBank, Unicaja, Kutxa, BBVA y Bankia, entre la banca española, y el Federal Financing Bank (EE.UU), el Banco Nacional de Desenvolvimiento (Brasil), el HSBC (Suiza) y el francés Crédit Agrícole, entre otros.

Las obligaciones de pago por todos estos créditos son crecientes en el corto y medio plazo e inasumibles sin ingresos en cuantía suficiente para poder afrontarlos o sin la ayuda de un “socio” capitalista que invierta recursos financieros para asumir dicha deuda. Una situación extremadamente difícil que pone en cuestión el mantenimiento de los puestos de trabajo en una empresa que ya ha dejado de pagar a proveedores. Los trabajadores temen por su estabilidad laboral y su futuro, transitando desde la incertidumbre y el malestar para acabar en la preocupación y la desconfianza ante una multinacional que era la envidia del sector y que, de súbito, está a punto de desaparecer. Desconfianza, sobre todo, porque desde la dirección de la multinacional no se informa a la plantilla y lo que se conoce procede de los medios de comunicación.

Si finalmente Abengoa no encuentra salida al concurso de acreedores, supondrá la mayor quiebra empresarial en la historia de España. Buscar alguna solución, desde la legalidad pero también con voluntad de intentar salvarla, debiera ser una prioridad nacional, no sólo por el número de puestos de trabajo que se destruirían, sino sobre todo por no perder la capacidad de liderazgo mundial en investigación tecnológica en energías renovables que esta empresa representa y a la que hasta el presidente de EE.UU. ha alabado. El Gobierno debería asegurar las condiciones para que un negocio, en el que España marca el rumbo a nivel mundial, siga siendo viable y conquiste nuevos mercados. Las entidades financieras deberían posibilitar, con todos los controles que estimen convenientes, que la actividad de la empresa se mantenga a medio plazo hasta solventar las actuales dificultades. Y las exigencias de responsabilidad deberían circunscribirse quirúrgicamente a los principales causantes de las dificultades, obligando a cambios en la cúpula directiva y aplicando el código penal, si fuera el caso.

Ha de hacerse así porque la garantía del empleo pasa por la supervivencia de la empresa, y ésta descansa en la viabilidad de su negocio. Que el futuro de las energías depende del acceso a fuentes renovables y sostenibles no lo discute nadie, aún cuando coyunturalmente convenga apurar las producidas por procedimientos convencionales. Y una empresa pionera en ese sector con futuro garantizado es Abengoa. Ayudarla a mantener la posición de liderazgo industrial que asegure la mayor rentabilidad, en beneficios, conocimientos y penetración sectorial, debería ser objetivo estatal: por la empresa, por el trabajo y por el prestigio del país, como hacen otros países con sus empresas más importantes y estratégicas. Porque no hay nada más estratégico para un país que asegurarse las fuentes de energía. No es cuestión de “regalar” dinero como a Bankia, sino de facilitar la viabilidad de una empresa viable. ¿La vamos a dejar hundir para que otros exploten la energía del sol? Mal negocio haríamos si lo permitiéramos.   

martes, 1 de diciembre de 2015

Caricias de diciembre


Diciembre retorna a nuestras vidas con sus nostalgias fugaces y sus gélidas alegrías que ruborizan la piel y acongojan el alma. Regresa la caricia helada de unos días que nos hacen estremecer al acostarnos y despertarnos, como si el frío vaho nos permitiera descubrir la soledad que nos amortaja en la cama. Vuelve diciembre con su pureza estéril sobre las cumbres serranas y el rojo inútil del calendario festivo de nuestros ocios mundanos y consumistas. Viene acompañado de la felicidad impuesta por comercios y costumbres que pastorean afectos y sonrisas luminosas cual papeles de regalo. Así nos acaricia diciembre en su empeño por despedir el año con promesas que nunca se alcanzan y el consuelo de nuevas oportunidades para intentarlo. Y para atraparnos, una vez más, con las notas pulcras y sublimes de una música que nos aparta de nuestras preocupaciones y nos libera de las ataduras de la cotidianeidad. Vuelve diciembre con sus heladas caricias de hipocresía e ilusión.


lunes, 30 de noviembre de 2015

El delito del coño insumiso

Que la religión -católica, por supuesto- está “blindada” con privilegios y leyes en este país de María santísima, es una realidad conocida y admitida por todos. Que la religión –católica, naturalmente- sigue influyendo de manera notable en la vida social, cultural y política de este país supuestamente aconfesional, es algo que se constata a diario con esos “entierros de Estado” que se celebran con misas católicas, con las “juras” de los nuevos cargos del Gobierno, con los crucifijos en los despachos más institucionales, con la asignatura obligatoria de religión –exclusivamente católica- en la educación y con las exenciones fiscales de que goza el patrimonio eclesiástico -católico, faltaría más- para no pagar impuestos ni declarar bienes. Así de poderosa y protegida está la religión católica en España, diga lo que diga la Constitución.

Por eso, no es de extrañar que una parodia de procesión, ingenua, festiva y provocativa, le sirva a un juez para imputar delitos a sus organizadores por un supuesto delito contra los sentimientos religiosos –sólo de los católicos-. Una parodia que sólo pretendía “evidenciar” el “santo entierro” que se está produciendo con los derechos laborales en este país a partir de la última reforma realizada por un Gobierno –católico, por más señas- que atiende antes los intereses del capital que los de los trabajadores, un Gobierno que prefiere rescatar bancos que a una población a la que empobrece con sus medidas y decisiones. Y todo ello precedido, cual procesión laica, por una imagen icónica de la mayor “sublevación” que podría ejecutar una mujer: declarar insumiso su coño a leyes, morales y sentimientos. Si eso no es iconografía de la libertad (esa que reconoce la Constitución para opinar, expresar y manifestar), que venga un juez, como éste, a juzgarlo.

Pero toparon con la religión –católica, la verdadera- y, lo que es peor, toparon con la iglesia, con los siervos de esa religión –poderosa- que manda obediencia y dicta a todos –feligreses o no- conductas y normas morales de obligado cumplimiento. Su simbología, aunque resulte extravagante, es intocable. En este país –católico donde los haya- se puede parodiar al rey, al presidente del Gobierno y a cualquier “artista” conocido o desconocido, pero está prohibido hacerlo de la religión o de sus ritos. Y sacar en andas un coño enorme, tan enorme como el peso de la mujer en la sociedad, se considera un ultraje a los sentimientos “religiosos” (¿por qué se usará el plural?) en este país. Algo tipificado como delito y, por tanto, perseguido y castigado, aunque la intención de los que parodian un ritual sea llamar la atención sobre una situación laboral de injusticia y desigualdad, reclamar idéntica atención -¡ojalá!- a la que se presta al “paseo” público de imágenes religiosas. Intención inútil porque en este país preferimos salir en muchedumbre tras supersticiones que tras exigencias de derechos y libertades. A las primeras, protege y ampara el Código Penal, a las segundas se las persigue, castiga y condena en cuanto osan aludir lo intocable.

Y eso es justamente lo que ha pasado con algunas de las manifestantes que portaban “una vagina de plástico de un par de metros de altura a modo de virgen” (tal vez representara una vagina virgen aún) en la manifestación del 1 de mayo de 2014 convocada por el sindicato Confederación General del Trabajo (CGT), hechos por los que también fueron imputados dos dirigentes del citado sindicato. Eligieron mal la parodia con la que expresar su protesta. Ni los musulmanes toleran viñetas de Mahoma ni los católicos admiten parodias de sus celebraciones callejeras, tan criticables como cualquier expresión –creencia, arte, ciencia- del hombre. Por lo que se ve, no está permitido parodiar a la religión católica y, además, es delito.

Claro que esta actitud intolerante, como la emprendida por la Asociación de Abogados Cristianos contra la manifestación del coño insumiso, revela algo más que intransigencia dogmática, pone de manifiesto la poca consistencia en las convicciones religiosas, tan endebles que podrían ser vulnerables a la crítica, el humor y al contraste de pareceres, por lo que deben ser protegidas por leyes que prohíban todo cuestionamiento, aun en clave paródica. Máxime si se parodian rituales extravagantes, como son los de procesionar imágenes y acompañarlas cubiertos con capuchas parecidas a las del Ku Klux Klan norteamericano, para llamar la atención del recorte de derechos en el ámbito laboral y por la libertad de la mujer a decidir y disponer de su cuerpo, representado por esa vagina enorme, lo más íntimo y distintivo de toda mujer para amar y procrear.

A nadie le gusta que se rían de sus creencias, pero en democracia hay que aceptar la pluralidad de tendencias y la diversidad de pareceres. Albergar sentimientos religiosos es tan legítimo como no tenerlos, pudiendo los seguidores de ambas conductas poder expresarlas o cuestionarlas, sin más límite que la libertad de expresión y el respeto a las personas. Y que se sepa, una procesión no es una persona que haya que respetar ni su celebración es potestad exclusiva de una religión. A muchos les podrá parecer chocante la procesión de una vagina descomunal, como a otros les puede resultar supersticioso el desfile de imágenes religiosas. La tolerancia es aceptar ambas expresiones públicas y no impedir con prohibiciones e imputaciones penales las que consideramos contrarias a nuestras ideas y costumbres. Por muy cristianos que sean esos abogados que han emprendido acciones judiciales, la querella contra el coño insumiso, si vivimos en un Estado de Derecho, quedará sobreseída. Sólo servirá para demostrar que, guiados por el fanatismo religioso, se pierde hasta el sentido común en unos abogados que ignoran que hasta un coño puede procesionar y declararse insumiso. ¡Faltaría más!

domingo, 29 de noviembre de 2015

Amor biónico

Cuando ya no hablamos a una persona mirándole los ojos sino a un teléfono móvil, cuando ya no leemos un libro ni un periódico sino una pantalla electrónica, cuando ya no compramos en una tienda acariciando la mercancía sino por Internet, cuando ya no escribimos cartas empuñando un bolígrafo y manchando el papel sino mensajes por redes sociales, cuando ya no tenemos amigos a los que abrazar sino cientos de seguidores que clikean páginas informáticas, cuando ya ni las rosas tienen tallos y espinas sino cables y transistores, cuando todo se transforma en artificio mercantil de usar y tirar, útil para el consumo, el amor también acabará siendo banal, artificial, fruto de algoritmos y cálculos electrónicos que nos conectarán con parejas compatibles y pegadas a un terminar que facilita una relación que era sentimental, ahora biónica, como esa rosa que han creado investigadores suecos. ¡Maldita sea!

viernes, 27 de noviembre de 2015

Siempre viernes


Fue un viernes, de eso estaba seguro, tan seguro como que hoy también es viernes, pero no se acuerda del tiempo transcurrido, si dos, cinco años o cien años. Era viernes porque los viernes son para él días especiales, días señalados en los que su vida cobra algún sentido y cuando suelen suceder hechos que alteran su rutina. El resto de la semana su vida es completamente anodina, aburrida y previsible, cual autómata que ejecuta siempre los mismos movimientos. Pero en los viernes, siempre tan anhelados, se despiertan sus sentidos y emergen expectativas que confieren a su existencia la posibilidad de la novedad, de hacer algo distinto, algo que le satisfaga o, simplemente, algo que desee. Y aquel viernes, cuando las primeras caricias del invierno te cogen desprevenido y sin abrigo, lo tuvieron que ingresar en un hospital. No podía haber sido cualquier otro día de la semana, sino un viernes, precisamente. Por eso lo recuerda y todavía le molesta. Ha olvidado incluso exactamente el motivo del ingreso, si fiebres o palpitaciones, pero el caso es que le fastidiaron el fin de semana. Una excepción que, como no podía ser de otra manera, sucedió un viernes. Como hoy. Como todos. Como siempre.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

¡Vamos a contar mentiras, tralará…!


La mentira, esa invención para falsear u ocultar la verdad, está muy arraigada en nuestra sociedad y afecta tanto a la esfera individual como a la pública o colectiva. De hecho, el ser humano es el único animal capaz de mentir, no sólo porque sea el único que tiene un sistema articulado de lenguaje, sino porque se engaña a sí mismo. A pesar de los reproches morales, éticos o legales, la mentira acompaña a nuestros actos y manifestaciones. Unas veces, para no herir o evitar un daño mayor, como es el caso de las mentiras piadosas, y otras, para obtener a cualquier precio lo que se ambiciona, normalmente dinero, sexo o poder. También para evitar un castigo o censura cuando se ha hecho algo mal. El caso es que mentimos como cosacos. Y no es algo nuevo.

Hace ya 300 años que se publicó el libro El arte de la mentira, atribuido erróneamente a Jonathan Swift, en el que su verdadero autor, el doctor John Arbuthnot, reflexiona sobre esa disposición tan humana a la mentira, considerándola merecedora de figurar en la enciclopedia como el resto de las artes y las ciencias. Pensaba que el “arte” del bien mentir es fruto sin igual del ingenio humano. Junto a una clasificación de las modalidades de mentiras, el autor revela cómo mienten los dos partidos políticos entonces dominantes en la Inglaterra de aquel tiempo, para recomendarles seguidamente que, si pretenden recuperar credibilidad, deberían durante tres meses contar la verdad. ¡Cuánta ingenuidad!

Hoy, la mentira política sigue vigente y tiene más fortaleza que nunca. Sin atender los consejos recogidos en El arte de la mentira, el profesional contemporáneo de la política recurre al engaño o, cuando menos, a las medias verdades para disfrazar u ocultar la realidad o sus propias carencias y limitaciones personales. Ocurre en todos los sistemas políticos y en todos los países del mundo, aunque con distintas graduaciones o estilos que abarcan desde la más burda falsedad al más elaborado engaño. Así, nos cuentan “trolas” por nuestro bien, para que no nos preocupemos, como cuando nos dijeron aquello de que la crisis no nos afectaría, que sería pasajera y que, en la postrera recuperación, se crearían millones de puestos de trabajo. Aún seguimos esperándolos. O para hacernos responsables de un saqueo por avaricia del que éramos ajenos, diciéndonos que se había producido por nuestra culpa, por vivir por encima de nuestras posibilidades. Todavía estamos pagando, con dinero público, el desfalco financiero realizado por tan taimados especuladores privados.

Hay mentiras utópicas, que proponen grandes ideales. En las constituciones se escriben hermosos y elevados pronunciamientos que descansan, sin más, en la mentira. Nos tratan de convencer de que la democracia es el gobierno de los ciudadanos cuando éstos quedan relegados a participar de la política sólo a la hora de introducir el voto en una urna cada cuatro años, sin posibilidad de elegir candidatos sino listas cerradas. También nos aseguran que la soberanía reside en el pueblo, pero la “administran” los partidos políticos con representación parlamentaria, los cuales se permiten decidir, sin consultar a ese pueblo “soberano”, asuntos de suma gravedad e importancia. Así, por ejemplo, fuimos a la guerra de Irak por voluntad “soberana” del expresidente Aznar y “rescatamos” a los bancos, a costa de empobrecernos, por “soberana” decisión de Madrid y Bruselas.

La Justicia -así la pintan- es ciega, pero más falsa que Judas. Grandes prebostes de la judicatura y del Estado extienden la falsedad de que todos somos iguales ante la ley. Sin embargo, la vara de medir de la justicia es distinta para unos y otros, dependiendo del estatus social y económico. La ley es interpretación de normas que varía en función del juez y del imputado, aparte de que no todo el mundo tiene posibilidades para poder defenderse, apelar y recurrir como los pudientes y poderosos caídos en desgracia o cogidos haciendo trampas, robando o mintiendo. La impunidad y el indulto son selectivos y contradicen esa supuesta igualdad ante la ley. Que se lo pregunten a la hija del rey.

Un ámbito donde la mentira es regla es el de los negocios. Las empresas mienten a sus clientes y a quienes regulan su funcionamiento. Intentan ocultar ganancias, falsear precios, eludir impuestos y alterar condiciones del mercado. Nunca cuentan la verdad sobre la calidad de los productos que venden o fabrican, práctica que ha quedado al descubierto con el escándalo de la multinacional Volkswagen y sus trampas para impedir que se detecte que sus vehículos contaminan mucho más de lo declarado. Aducen datos falsos para reducir el salario de sus empleados y reducen plantillas con la mentira de la productividad. La tendencia hacia la opacidad y el máximo beneficio invitan a la mentira en la actividad económica y empresarial.

Al contrario de lo que pregonaba Abraham Lincoln, la mentira puede engañar a todos durante todo el tiempo. Todos asumimos hoy día que es el mercado quien nos impone unas políticas de austeridad que causan más problemas y más injusticias sociales que nunca antes en la historia de España, salvo en períodos de guerras. Ningún ente incorpóreo, llámese mercado o prima de riesgo, podría imponer medidas a un país sin contar con el convencimiento de los políticos que comparten dicho modelo económico. Es la manera de conseguir el debilitamiento de las políticas sociales y el desprestigio de lo público practicado por cierta ideología, empecinada en desmontar el Estado de Bienestar. Nadie se atreve a denunciar que es mentira la afirmación de que sólo las políticas neoliberales pueden afrontar la crisis financiera y permitir una recuperación de la actividad económica. Extendiéndola como un mantra, el Gobierno consigue el apoyo de los ciudadanos para aplicar esa determinada e interesada política, ocultando la existencia de otras alternativas económicas que evitan castigar a los más desfavorecidos y recortar prestaciones sociales. Se engaña a todos todo el tiempo.

Estamos inmersos en el “arte” de la mentira, la simulación y el engaño, y sus efectos se hacen sentir en la desafección que provoca en la población. Aún inconscientemente, la mentira la perciben los ciudadanos, a los que inducen a la incredulidad, la desconfianza y a la anomia social. La más grave de sus consecuencias es la corrupción. Según Julián Marías Aguilera, filósofo discípulo de Ortega y Gasset, “el uso sistemático, organizado y frío de la mentira es el factor capital de corrupción en las sociedades actuales”. Tan capìtal y tan sistemático que nunca antes la mentira se había institucionalizado como instrumento de acción colectiva como en la actualidad, dando lugar a ese cáncer de corrupción que carcome la política y las instituciones, sin dejar apenas espacio para la honestidad, el bien hacer y la transparencia.

La mentira es la característica de estos tiempos modernos, donde todos mentimos en función de nuestros intereses. De hecho, salimos a la calle dispuestos a contar mentiras hasta del estado del tiempo. Mentimos a los niños con los Reyes Magos y mentimos a Hacienda cuanto podemos. Recibimos mentiras y propalamos mentiras que nos ayudan a soportar esta dinámica por disfrazar lo que pensamos, lo que somos y lo que queremos, elaborando artificialmente nuestra propia vida y dotándola de algún sentido. Incluso para escribir este artículo nos valemos de mentiras perfectamente escamoteadas entre algunas verdades, simplemente por rematar una frase y alardear de cierta autoridad. Y es que es muy difícil sustraerse de contar mentiras de vez en cuando, tralará.